El mal sin remedio de los destinos turísticos

La fuerte dependencia de una actividad económica que la pandemia deja en caída libre noquea a Lloret y Salou

No hay campaña electoral en Salou. Farolas y árboles están limpios de carteles con siglas y rostros de candidatos. Los partidos no van a Salou porque, de hecho, desde hace muchos meses pocos forasteros entran en esta meca del turismo. “Creo que hablo en boca de mucha gente si digo que aquí las elecciones se ven como algo secundario”, razona Josep Boladeras. “Preocupa la pandemia y los efectos que ha tenido porque el 90% de los vecinos vivimos del turismo”, apunta. Es su caso. Trabaja de cocinero en un hotel y lleva meses parado. Los daños colaterales del coronavirus están siendo especialmente virulentos en las localidades que tienen una fuerte dependencia del turismo.

Cerca del mercado municipal, tan vivaracho en verano y tan anémico ahora, Victor y Dani tienen un taller de reparación de calzado. Dicen que, en su caso, el negocio ha ido tirando y que han mantenido el contacto con los clientes. “Nadie habla de las elecciones”, coinciden. “Claro que preocupan las elecciones y se habla de cuánto van a subir los contagios”, replica Ramon López desde la ferretería que regenta delante del ayuntamiento. Todos los grupos del pleno han hecho frente común para buscar cómo aplicar medidas de ayuda ante lo que considera una “emergencia social”.

En Lloret de Mar, el Gremio de Hoteleros manifiesta que “el panorama es desolador”. Para el alcalde, Jaume Dulsat, se trata de “un drama en términos absolutos”. En Lloret, a principios del siglo XX las principales actividades eran agrícolas y pesqueras. Masías y campos ocupaban la céntrica Riera. Pero llegaron la construcción y el turismo, adquirieron las casas rurales y se levantaron grandes hoteles y discotecas.

Antes de la covid Lloret recibía al año más de 1,3 millones de turistas. En 2020 acomodó a 260.000. Más del 85% del municipio vive del sector turístico. Pero el virus les ha dejado “cifras sangrantes”, asegura el alcalde. Sólo durante el confinamiento domiciliario perdieron 500.000 turistas. En verano apenas abrieron un 70% de los hoteles, con una ocupación media del 50%. El paro es de un 18%, el doble que en 2019, y se ha cebado con las mujeres. El Centro de Distribución de Alimentos se ha tenido que ampliar por el aumento de la demanda social en un 77%. “Sabemos que en abril costará abrir, pero muchos destinos turísticos no nos podemos permitir que no se recupere a partir de mayo”, afirma Dulsat, que también es el cabeza de lista del PDeCat en las comarcas de Girona en las próximas elecciones. Del nuevo Govern espera “más coordinación, decisiones quirúrgicas y que no se tomen las decisiones desde el centralismo”.

En el sur, el triángulo Salou, Cambrils y La Pineda oferta más de 52.000 plazas hoteleras. Desde hace meses, la quietud es su único huésped. Salou, que durante años ha sido el destino líder de ocupación hotelera en España, por encima del 75%, por delante de Benidorm, es ahora un desamparado paisaje. El pinchazo del turismo durante el verano provocó un desplome del 75% de las pernoctaciones y el turismo extranjero fue “prácticamente inexistente”, sostiene la Federación Empresarial de Hostelería y Turismo (Feht). Según sus cálculos, la caída de la facturación fue de 4.500 millones de euros. Y un verano malo acarrea un invierno pésimo. El Ayuntamiento de Salou ha aprobado dos convenios de colaboración con Cáritas y asociaciones de asistencia social para la concesión directa de subvenciones. El alcalde Pere Granados manifiesta que “atender la emergencia social es una prioridad”. La fuerte dependencia del turismo que sufre la zona litoral de Tarragona ha agravado los datos de desocupación. El 2020 se cerró con una tasa de paro del 17,47%, la más alta de las cuatro demarcaciones catalanas, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA).

La Federación de Hostelería de Tarragona pone énfasis en la necesidad de acelerar las vacunaciones para dar imagen de “destino seguro”. Pese a que la Semana Santa solía ser un buen punto de partida de la temporada, se da por sentado que este año las restricciones a la movilidad penalizarán las reservas y se fija la mirada, y las esperanzas, en el verano.

Fuente: El País

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